6.4 Isfahan y cristianos

(01.05.1618 – 28.05.1618)

De veinte años á esta parte, habiendo enviado Don Alexo de Meneses, arcobispo de Goa, á fray Antonio de Govea, que ahora es obispo de Cirene, con un presente á este rey Xa Abas, para que permitiese algunos religiosos de su Orden de San Agustín en la Persia, les favoreció y permitió tener iglesia en la ciudad de Spahan, y ansi, desde entonces hasta ahora ha habido en ella, aunque de muy pocos frailes, una pequeña forma de convento adonde con gran consuelo de algunos portugueses que venían con mercadurías de Ormuz, y de otros mercaderes extranjeros de Europa, se celebran los oficios divinos.
Algunos años adelante, como en Europa, particularmente en Roma, se supiesen las muestras exteriores que este rey, aunque infiel, daba de favorecer la cristiandad en estas partes, el Sumo Pontifice Clemente Octavo, para que más fruto se sacase con la predicación de más religiosos, envió á fray Juan Thadeo de San Elíseo, descalzo de la reformación de Nuestra Señora del Carmen, con cartas para el ya dicho rey, exhortándolo á pasar adelante con los buenos principios que daba de favorecer la cristiandad de los europeos, y ofreciéndole el favor de sus reyes para la diversión de la guerra que tenía con el turco, siendo esto lo que particularmente él pretendía. Hizo su camino fray Juan Thadeo con otro religioso de su Orden, por Alemania, Polonia, Moscovia y Tartaria, hasta la ciudad de Astarcan, cerca donde el rio Volga, á quien los tártaros y moscovitas llaman Edil, desenboca en el mar Caspio, de donde habiendo por las puertas de hierro y ciudad de Derbento entrado en las prouincias de la Persia, fue recibido de aquel rey con las mismas demostraciones de gusto que á los frayles de San Agustin, dándoles ansimismo lugar y casa en que acomodar una pequeña iglesia.
Lo que á los unos y otros religiosos le fue sucediendo se tratará adelante, acabando ahora la descripción de la vieja ciudad de Spahan con la fundación de aquestos dos pequeños conventos.
Por el ángulo que hay en el Maidan entre la mezquita nueva y la casa del rey se sale á un pequeño bazar, y de allí, dejando á la mano derecha la muralla y cerca de los jardines y harames de la dicha casa, se sale fuera de la población antigua y se llega á lo nuevo y colonias acrecentadas de este rey.
Mucho antes de llegar á ellas y al río que divide á Julfa de Tabris, hay una bellísima calle nuevamente fabricada, de más de mil y quinientos pasos de largo y ciento de ancho, por cuyo medio va corriendo una acequia ó canal de agua, de doce ó catorce pies de ancho y seis de hondo, labrada de piedra blanca, guarnecida de la misma piedra por las bandas, por donde pueden pasearse gente de á pie, quedando por ambas partes el demás plano más bajo, por donde los de caballo más ordinariamente van y vienen. Por todo lo largo de esta calle, que es muy derecha y á nivel igualmente de una y otra parte, van muchas huertas y jardines, entrándose á ellas por muchas casas, ansí de particulares como del rey, que aunque las más de ellas son pequeñas, con varandas, y que por la mayor parte sirven de hermosear la calle y dar entrada á los jardines, hacen una muy hermosa perspectiva. Demás de estas casas, ó más propiamente aparencia de ellas, hay otras muchas con tiendas y aposentos pequeños en que viven oficiales, vendiéndose allí cosas curiosas, más que de gran precio, mayormente frutas y mucha variedad de cosas dulces, siendo esta calle á todas horas notablemente frequentada de infínita gente de toda suerte y condición.

Remátase llevando a trechos mucha cantidad de plátanos y otros árboles verdes, con la soberbia puente que está sobre el rio Senderu, que es una de las más insignes obras y fábricas que hay en esta monarchia persiana, pudiéndose comparar, si ya no es superior, al famoso bazar de Lara que particularmente descrivimos. Fue autor suyo ansimismo el grande Alaverdecan, aunque los contrarios suyos, no habiéndole jamás faltado á la virtud oposición, dicen que la fábrica de esta puente fue á costa y espensas del rey, aunque confiesan haber sido él el autor de tan gran fábrica; pero la común y vulgar opinión es haberla fabricado Alauerdecan á costa suya.
Corre por aquí el río Senderu con lecho poco hondo y muy ancho y dilatado, no pareciendo la cantidad de sus aguas mayor que las del Xenil en España cuando pasa por la ciudad de Ecija, ó cuando entra en Pisuerga el rio Carrión; mas aquí, por correr, como digo, Senderu muy tendido y llano, podría parecer á algunos mayor, y ansí es la puente de más de trescientos pasos de largo.
La fábrica de ella es sobre altos y grandes arcos de piedra blanca, y tan ancha que pueden pasar dos coches á la par por ella, llevando por cada lado un pretil ó muralla de una pica de alto, y á cada ocho ó diez pasos unas grandes ventanas ó varandas con vista al río y á las colonias y poblaciones nuevas que orillas de él están fundadas. Las paredes ó pretiles de esta puente son tan gruesas que por medio de ellas, por una y otra banda, desde el principio de ella hasta el cabo, se va pasando de unas á otras varandas por puertas y bovedas pequeñas que van por lo grueso de la pared, sin llegar á lo ancho de la puente ni embarazarse con la otra gente de á pie, ni á caballo, que continuamente por ella pasa. Y ansí como éste tránsito particularmente es para la gente de á pie, hay también desde todas las varandas ó ventanas grandes, escaleras secretas por donde se baja al río debajo de los arcos y bovedas de la misma puente, adonde junto al agua del río hay asientos adonde espaciarse y tomar el aire.
Hay también desde el principio y entrada de la puente, por ambas bandas, dos escaleras por donde suben á lo alto de los pretiles, que como se ha dicho tendrán una pica de alto, y teniendo encima, como tienen, catorce ó quince pies de ancho, que esto será lo grueso de cada pretil, quedan en ellos hechas otras dos puentes altas con sus dos parapetos pequeños en cada una:uno que cae sobre el río, y otro sobre la misma puente, de manera que a un mismo tiempo se pasa por ella por cinco partes: la puente principal del medio, las dos que corren á una mano y otra por lo grueso de cada pared, y las dos de arriba, y éstas por tener la vista más desembarazada son mucho más apacibles que las de abajo.
Demás de la hermosa perspectiva que se tiene desde esta puente á todas partes, la hacen más grandiosa las colonias que á la mano derecha tiene por una y otra parte del río; la que cae más cerca y á la banda de la ciudad es de los Tabrisinos, traídos de la ciudad de Tabris, que por muchos es tenida por la antigua Ecbatana, cabeza de la gran provincia de Media, gran parte de los mercaderes y la gente de más lustre que había en aquella ciudad.
La otra colonia, enfrente de esta, de la otra parte del río, es la nueva Julpha, principal ciudad de Armenia la mayor, que habiendo sido desmantelada del todo por este rey trasportó los más ricos ciudadanos de ella, asignándoles este sitio, adonde muchos de ellos con el comercio y trato están muy ricos y los demás medianamente reparados de su miserable transmigración.
Tienen á la parte del río, estas dos nuevas poblaciones, por todo lo que hacia él ocupan, grandes y hermosísimas casas, ansí de las que han labrado sus mismos moradores y aquellos que más posibilidad tienen, como las que por la mayor parte han hecho á mucha costa suya los Soltanes, ministros, grandes y otros criados poderosos del rey, siendo el sitio de sí apacible y vistoso, y también por lisonjear y dar gusto á su rey, viéndolo inclinado al acrecentamiento y lustre de la ciudad de Spahan, siendo estas colonias y la que se ha dicho ya de los Gaores las que sin comparación mejores casas y calles tienen que todo el resto de la ciudad antigua.

De la religión de los Gaores, ya se ha tratado; la de los Tabrisinos es la propia que de los demás persianos sophianos.
Pero la de los moradores de la nueva Julpha, como naturales armenios, es la cristiana, con las opiniones que los Sumos Pontífices les han permitido, á que muy pocos de ellos se han reducido, guardando casi todos los de esta nación precisamente la propia y antigua religión suya. Porque aunque muchas veces algunos de sus obispos y otros sacerdotes de su misma nación, habiendo pasado á Europa, ansí por su mucha pobreza, vagando por ella, como por las grandes persecuciones que han padecido y padecían por las continuas guerras de los turcos y persianos, han ofrecido diversas veces de reducirse á la obediencia de la Iglesia Romana, venido después á tratar de ello no han querido reducirse, obedeciendo puntualmente á su Patriarcha y tenacísimamente reteniendo sus antiguos rictos y cerimonias.
Y aunque esto es ansi, no solo en los Julphalinos sino en los demás que han quedado en Armenia la mayor, dos jornadas de la ciudad de Ervan, á quien Ptolomeo llama Terva, metrópoli antiguamente, como también ahora lo es de toda Armenia, hay ciertos lugares hasta en número de doce aldeas, junto á la ciudad de Naxivan, como distrito y jurisdición suya, [que] gran parte ó la mayor de sus vecinos viven á la latina, teniendo en algunas de estas aldeas conventos de frayes de Sancto Domingo, á quien obedecen conforme á las cerimonias romanas. Y aunque tienen por superior á un obispo de su misma nación Armenia, este es frayle de la dicha Orden, sin tener mujer, celebrando los oficios divinos y usando del mismo rezado que los tales religiosos en Europa, aunque por las guerras que estos años ha habido y hay en aquella miserable provincia, subjecta siempre á tales calamidades, estos armenios francos, que ansí se llaman por la verdadera religión que profesan, son reduzidos á poco más número de mil personas de todo sexo y edad.
Y en el tiempo que el Enbajador llegó á Span había venido un año había fray Paulo Maria, religioso de Sancto Domingo, varón muy docto y de vida ejemplar, enviado por el Sumo Pontífice Paulo V para que de nuevo enseñase y restituviese con su doctrina lo que de las dichas cerimonias con el tiempo se hubiese de ellas alterado y puesto en olvido.
Estos pocos armenios se han continuado y conservado en la religion latina desde el tiempo del grande Usuncasan, rey de Persia, el cual, como estuviese casado con Despina, cristiana de la Iglesia griega y hija de Calojanes, emperador de Trapisonda, y ella, aunque con marido infiel, viviese en la religion en que se había criado, favoreció siempre á los cristianos de Poniente, mayormente á los Enbajadores que la señoría de Venecia en aquel tiempo envíaba al dicho Usuncassan, y también el Sumo Pontífice Sixto IV y Philipo, Duque de Borgoña, en aquella misma sazón le enviaron particular embajada; había un sancto varón relígioso de la Orden de Sancto Domingo, llamado fray Bartolomé de Bolonia, más de 150 años antes, en el Pontificado de Juan XXII, reducido al gremio de la Iglesia latina estas pocas aldeas que se han dicho.
Y por haber sido su primero fundador en lo spiritual este religioso de la Orden de Sancto Domingo, con algunos pocos frayles de Europa, de su misma Orden, se han conservado y continuado hasta ahora tres ó cuatro conventos, cuyo superior se llama obispo de Naxiavan, por la ciudad que allí cerca tienen por vecina, aunque con suma pobreza y molestados ansí de los persianos como de los turcos.
Tienen las colonias de Tabris y Julpha, con la de los antiguos Gaores de Jesda y Querman, todas juntas, nueve ó diez mil casas, pero tan espaciosas y largas con las muchas huertas y jardines que en ellas hay, que parecen de mucho mayor número de vecinos, demás de ser las casas mejores y más bien fabricadas que las de la ciudad vieja, la cual está continuada con estas nuevas colonias, con la hermosa y larga calle que se ha referido, á que vulgarmente llaman Charabac, que suena tanto en persiano como cuatro jardines, no habiendo, antiguamente, cuando adquirió este nombre, mas de cuatro de los muchos y grandes que ahora en ella se veen.

(García de Silva y Figueroa "Comentarios", Tomo II, Libro V, Capítulo II, pp. 36 – 43)

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